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El protocolo familiar y sus beneficios colaterales

Hace ya más de veinte años que se empezó a hablar de que las relaciones entre la familia empresaria y su empresa familiar debían estar reguladas por un conjunto de normas de funcionamiento, es decir, por un protocolo familiar. Aún hoy nos llama la atención que se eligiera un término que tiene tantas connotaciones de rigidez, como el protocolo, para designar a este instrumento que debería ser el resultado de un proceso de debate y de un consenso familiar que va mucho más allá de la mera regulación de las relaciones entre la familia y la empresa.

En torrentidedeu preferimos hablar de acuerdos familiares más que de protocolos, puesto que se corresponde con nuestra manera de entender y de trabajar la construcción de este instrumento con las familias empresarias.

En realidad, el protocolo es sólo una parte de un acuerdo mucho más amplio, que establece un marco de convivencia común para la familia, la empresa de la que son propietarios o a la que se sienten vinculados y las personas que forman parte de ambas instituciones. El protocolo o Acuerdo Familiar, debe ser un documento vivo y flexible, que se adapte a la estructura, a las dinámicas, a los procesos que vive la familia empresaria y debe hacerlo desde sus valores y cultura familiar y empresarial.

Entender el protocolo simplemente como un reglamento escrito y detallado sobre lo que se puede o no se puede hacer en la empresa familiar, es tener una visión muy limitada y poco realista del mismo. El vínculo entre la familia y la empresa es demasiado estrecho para pretender que sus caminos puedan discurrir de forma autónoma y sin interferencias, por tanto decisiones de la empresa afectan a la familia, de la misma manera que determinadas relaciones y decisiones familiares pueden afectar al negocio.

Teniendo esto en cuenta, sería recomendable que, antes de iniciar la redacción del protocolo familiar, la familia empresaria se asegurara, mediante un trabajo previo, de que todos sus miembros tienen una respuesta consensuada para estas preguntas:

  • ¿Queremos ser una verdadera familia empresaria?
  • ¿Cuáles son nuestros valores, y a su vez nuestros contravalores?
  • ¿Qué modelo de empresa familiar queremos tener, en lo que se refiere a las posiciones de los distintos familiares en la misma?
  • ¿Qué podemos esperar de la empresa de la que somos propietarios?

Ponerse de acuerdo en estos temas requiere un proceso de reflexión y debate conjunto entre todos los familiares que participan en el proyecto empresarial. Es decir entre aquellos que elaboraran el protocolo familiar. Es esencial plantear estas cuestiones en el Consejo de Familia, antes de iniciar la preparación del protocolo si queremos que éste sea fruto del consenso y vaya más allá de ser una mera normativa escrita que todos dicen respetar pero en la que nadie cree.

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Consejeros de la Familia Empresaria

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