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La mirada personal

Empezábamos una reunión en Consejo de Familia. El sucesor, Luis, llegaba tarde. Su padre se impacientaba. Empezaba a hacer una dura crítica de la puntualidad del hijo. El hermano pequeño intentaba explicar la situación que provocaba que el Luis encara no hubiera llegado aún. El padre pasaba de criticar la puntualidad del hijo mayor a extrapolarlo a una falta de responsabilidad, sin escuchar los argumentos de su otro hijo. La madre se contenía sin decir nada, como una olla a presión a punto de ebullición. La situación se alargó media hora, que el padre no desaprovechó para explayarse sobre todo aquello con lo que no estaba de acuerdo de cómo el nuevo líder de la empresa gestionaba los temas, llevándolo al terreno de crítica personal. Haciendo duras comparaciones entre  Luis y el mismo, en las cuales el primero salía muy mal parado. Hasta que la madre expresó su opinión que era bien contraria a la de su marido. En aquel momento llegó Luis, justo cuando su padre se levantaba para marcharse, indignado, creyéndose poseedor de una verdad que los demás no querían ver. Luis pidió disculpas, explicó los motivos de su retraso que a ojos de todos fueron sólidos. Bien de todos no, porque su padre no lo entendía. 

Esta situación no difiere demasiado de algunas de las que nos toca asistir en nuestro trabajo. Ocurre alguna cosa en el inicio que provoca que alguien ponga un filtro que le condiciona a ver al otro, a interpretar aquello que hace y que no hace, con determinados prejuicios. En este caso el padre, hombre desconfiado por naturaleza, pone el filtro de una gran desconfianza hacia su hijo Luis y a partir de aquí le cuesta atender a razones, escuchar y por eso no entiende. No entiende qué le ha pasado a Luis, no entiende que el hermano lo defienda y sobre todo no entiende que su esposa no se ponga de su lado en estos temas.

¡Nos lo hemos encontrado demasiado veces para que sólo sea fruto de la casualidad! Una familia empresaria con dificultad para entenderse, aquella dificultad que va desde: Cada cual somos muy diferentes y nos cuesta comunicarnos, hasta una realidad más dura de: No podemos sentarnos a hablar porque enseguida discutimos o incluso nos solemos topar con otra situación extrema, pero no por ello inusual, en la que algún miembro de la familia empresaria pone como condición, para continuar trabajando, que no esté presente determinada persona, es decir que se vaya su hermano, su padre, su hijo o su cónyuge.

La situación se repite con ciertas variaciones, son versiones diferentes de una constante permanente. Esta constante que se manifiesta como dificultad de comunicación, relación distante o conflicto permanente, encubre otra cuestión: La mirada personal.

La mirada personal de cada uno de los protagonistas de la familia empresaria, es propia, es la manera de ver aquello que está pasando, es el relato que cada cual hace de lo que ha sucedido. En la mirada personal influyen los valores personales, los rasgos individuales de personalidad, la tendencia a que las relaciones familiares que establecemos sean positivas o negativas y la historia familiar, lo que nosotros llamamos el relato de la novela familiar.

Esta mirada personal que fijamos sin darnos cuenta, sin ni siquiera pretenderlo, pone determinado filtro en nuestras vivencias que nos condiciona su interpretación. Nos lleva a creer que el otro individuo reacciona de la manera que lo hace por unas circunstancias que nos imaginamos y que no siempre son las ciertas.

¿Cómo evadirse de la mirada personal? ¿Cómo podemos cambiar este filtro que hemos ido construyendo después de muchas y repetidas experiencias? El primer paso es ser conscientes de que ponemos el filtro y entender cómo es. Esta no es una tarea sencilla, sino bien al contrario, requiere esforzarnos en ser flexibles, generosos y no tener miedo a la inseguridad que nos puede representar entender que no siempre tenemos la razón. A veces hacerlo solos es posible y otras veces inviable y la familia ha de saber que les pueden ayudar profesionales expertos en familias empresarias.

Según el autor británico Stephen Richards, el descontento y la frustración que sentimos son solamente una creación nuestra. Leyendo esta reflexión que nos hace el autor, podríamos concluir que una buena capacidad para cambiar ‘Nuestra mirada personal’, nos ayudará a que la comunicación dentro de la Familia Empresaria pueda ser más fluida y nos ayude a trabajar los temas de nuestra empresa familiar de manera más profesional.

Mercè Dedeu

Torrentidedeu

Consultores de empresa familiar